martes, 16 de enero de 2007
lunes, 15 de enero de 2007
Pensamientos sobre la 'Manifa'
Con la resaca del patético espectáculo que han dado nuestros representantes, que hace mucho que no nos representan, y a la vista de los humeantes rescoldos de las manifestaciones del sábado, diseminados por la prensa de hoy, procede hacer algunas valoraciones:
(i)
El PP cometió un error no yendo a la manifestación de Madrid. Puede llegar a entenderse; bajo la fórmula del consenso, el Gobierno escondía una trampa para osos: convertirles en coartada para una segunda fase del ‘proceso’, vestida de lagarterana. Pero, aún aceptando esa premisa, también tienen que tener en cuenta que el PSOE lleva meses, años, intentado dar la imagen de un PP ‘antisistema’. Somos muchos los que defendemos que son los socialistas los que están alterando el campo de juego, para dejar fuera de él no sólo al PP, sino a muchos españoles decentes. Hoy hemos perdido algunos de nuestros mejores triunfos; hoy el PSOE ha conseguido la foto que retrata la tan cacareada marginación: la foto de una pancarta ‘Por la paz, la libertad, la vida, y contra el Terrorismo’, sin ningún representante del Partido Popular para enarbolarla, convierte en imagen el aislamiento inexistente. Y en la ‘mediocracia’ actual, las imágenes son las verdades más contundentes que existen. El PP tenía que haber superado su incomodad (¿o sus excusas?) con un lema y un comunicado que, la verdad, vistos con distancia, parecen bastante aceptables, y haber ocupado el sitio que le correspondía. Como dice Mon, después ya habría habido tiempo para los matices. Al final, la manifestación no pareció un aquelarre del zapaterismo, sino una razonable y cívica protesta ciudadana (exaltados habría, sin duda, pero el PP no puede decir que no haya ido a otras manifestaciones en que también estaban), y la posición del PP, fortalecida últimamente (espero que muy a su pesar) por el trágico devenir de los acontecimientos, ha vuelto a quedar desguarnecida por la incapacidad de sus dirigentes, que no líderes, para gestionar las situaciones de crisis.
(ii)
En cambio, la puesta en escena del PSOE fue impecable. Miserable, eso sí, con esa miserabilidad propia del que domina el arte del disfraz, y el engaño, y consigue hacer pasar por honestidad y firmeza lo que no es sino improvisación y amoralidad. El Gobierno, en general, nunca tiene un plan; va haciendo camino sobre la marcha, con la única guía de las encuestas, y la ayuda de su arsenal mediático y su entendimiento de la opinión pública. El hombre blanco habla con lengua de serpiente; y el caballo de vapor avanza, imparable. Ya han vuelto a salir a la calle, y no faltó nadie. Estaban allí los sindicatos, los paniaguados del cine, estaba hasta Saramago. Presidía la comitiva la sombra ausente de Mariano Rajoy, con sus arcos ojivales. Todo salió a pedir de boca. Tocaba comportarse, apelar a la unidad, adoptar un tono más institucional, menos hostil de lo acostumbrado (aunque se escaparon algunas pancartas ofensivas, y algunas banderas republicanas), y convencer a los ciudadanos decentes de que aquella era su manifestación. El sábado por la tarde, el Gobierno llenó sus pulmones con una bocanada de aire fresco y renovado; ahora volverá, desde su rincón, con más fuerza que antes, a seguir peleando.
(iii)
Todo el mundo hablando de la ausencia de Rajoy, y nadie reparó en que él tampoco estaba. Que nadie eche en falta al Presidente del Gobierno en una manifestación contra el terrorismo da qué pensar. ¿Querían protegerlo, reservarlo o esconderlo? La respuesta, mañana, día 15 de enero, en el Congreso de los Diputados.
(iv)
P. Presidente, ¿volverá usted a negociar con ETA?
R. Umm… hoy es un debate que no tiene sentido. Pasapalabra.
P. Pero, Presidente, Rubalcaba dijo en el New York Times que ‘never again’.
R. Hay una plena identificación entre Alfredo y yo; por eso lo diré también en inglés: ‘Everybody bonsai’.
P. Ya, ¿y de lo de la negociación?
R. No sea usted ordinario. Hoy hay que hablar del mañana inmediato…
http://www.elpais.com/articulo/espana/ETA/solo/tiene/destino/fin/elpepuesp/20070114elpepinac_1/Tes
miércoles, 10 de enero de 2007
Resolución de conflictos
Ciudadanos. Eso es lo que el título de esta catequesis progresista dice querer formar. Y negociación, y diálogo, lo que se pretende enseñarles. Pero hoy, esas dos palabras están vacías de contenido. Hace ya demasiado tiempo, cuando las personas decentes parecían haber aprendido que existían límites inviolables, que protegían la democracia de los demócratas, una cosa eran los fines, y otra los medios, y era indiscutible que los primeros no justificaban los segundos. España necesitó muchos asesinatos en nombre de causas nobles para entender esa cruel verdad.
Hoy esa certeza se difumina en la neblina del buenismo, y la negociación y el diálogo, que antaño fueron medios para conseguir cosas, se han convertido en fines por sí mismos. Por ello, cuando se habla de dialogar, nadie se pregunta, ¿para qué? La respuesta sería: para nada. Hablar por hablar.
Resolver. Hallar una solución. El otro día participé en una discusión en la que uno de los presentes sostenía que él “pagaba” al Gobierno para que solucionase el problema del terrorismo. No exigía una solución buena, ni una solución justa. Sólo quería una solución, da igual que sea la secesión o la supresión de la autonomía. Como él, hoy muchos ciudadanos españoles prefieren cerrar los ojos y los oídos a cómo se hacen la cosas, y esperar a ver cómo terminan. No sólo en relación con el fin del terrorismo; en mayor o menor medida, pasa en todos los ámbitos. Si alcanzamos un resultado, entonces todo habrá merecido la pena. Para ello bastará cualquier solución que ponga fin al problema, ya cueste cien o cien mil.
La sociedad española, pusilánime y perezosa, vive prisionera de una profunda contradicción: por un lado, ha aceptado que las actitudes, y los procesos, hayan dejado de ser instrumentos, para convertirse en objetivos; por otro lado, demanda de sus gobernantes que ponga fin a sus problemas, no importa de qué forma. Es la irrelevancia de las valoraciones cualitativas, la imperante doctrina del 'cómo sea'; mientras me quiten el problema de encima, todo lo demás no importa. Que lo arreglen los que mandan, que son los que entienden; ellos sabrán. Eso sí, sin crispación, no vaya a ser que no podamos dormir la siesta.
Y es triste, porque no todo es lo mismo. Si un niño está en el recreo, comiendo un bocadillo, y otro chico mayor le ordena que se lo dé, y amenaza con propinarle una paliza si no lo hace, por supuesto que el chaval puede negociar con el matón, y darle medio bocadillo; pero si lo consigue, aunque haya resuelto el problema mediante el diálogo y la negociación, porque no le han dado la paliza, ha perdido medio bocadillo al que tenía derecho. Y si otros macarras lo ven, entonces al tercer día tendrá que decirle a su madre que deje de prepararle el bocata, porque no se lo puede comer de ninguna de las maneras. A los ojos del plan de estudios del Gobierno, éste alumno obtendría un sobresaliente en educación para la ciudadanía, porque habría resuelto el problema, y lo habría hecho mediante el diálogo. Esto atenta contra el sentido común: aunque el acuerdo con el chantajista fue una solución, no fue una solución justa.
Pero la Ministra no quiere enseñar a resolver los problemas con justicia, sino a hacerlo con negociación y diálogo. Medios, y no fines; una solución cualquiera, cómo sea, sin importar qué tipo de solución. La política es una actitud, un talante; no principios, no justicia, no verdad. Esto define bien a este Gobierno, pero define mejor aún a la sociedad española que los llevó al poder. En esta hora sombría de España, los españoles somos hijos de nuestras obras. Y a este respecto, Zapatero, y la Ministra, son sólo dos españoles más.
http://www.abc.es/hemeroteca/historico-06-01-2007/Sociedad/los-alumnos-de-secundaria-deberan-aprender-dialogo-y-negociacion_153777611840.html
domingo, 7 de enero de 2007
Reflexiones a vuelapluma
* * *
Una lección para el futuro
Antes de que la bomba hiciese volar por los aires el embrujo, estábamos asistiendo a una ‘batasunización’ del lenguaje. Un ejemplo de ello es la entelequia ‘conflicto’, concepto proetarra que pretende enmarcar el terror en un contexto que lo justifica.
El conflicto no ha existido, ni existirá jamás, pues no hay dos partes equiparables enfrentadas. Y no debemos aceptar nunca esa derrota terminológica. La deformación sistemática de la realidad, pervirtiendo las palabras que la describen, es otra de las estrategias del enemigo; pintar un cuadro surrealista en que las ovejas amenazan con sus nucas a las pistolas de los lobos. Es el reflejo de un mundo gobernado por la miseria moral, en el que ya está instalado Joan Ridao (ERC), quien afirma que ETA ha sido quien más “ha puesto de su parte” en el mal llamado proceso. Como si estuviese comentando las causas del divorcio de una pareja amiga…
* * *
Mención aparte merece la BBC, con esa integridad como de sepulcro blanqueado. Al final, se trata de que la sangre no salpique. Adjunto un link que no tiene desperdicio. Como dicen, es una cuestión de "sentido común".
http://news.bbc.co.uk/newswatch/ifs/hi/newsid_4140000/newsid_4148100/4148173.stm
martes, 2 de enero de 2007
El Empecinado
El hecho, nítido, insoslayable, inevitable, como la Gran Muralla China, es que el Presidente ha apostado todo su capital político al proceso de paz, y éste se resquebraja por momentos. Zapatero subió al poder a lomos de una marea de opinión que acusaba al Gobierno saliente de mentir y ocultar. Y, sin embargo, ha apelado a la discreción y al sosiego para pedir del pueblo soberano comprensión y paciencia, y así dirigir un proceso de paz marcado por la más absoluta de las oscuridades, presentándose como el depositario de la información, suficiente y fiable, necesaria para llevarlo a cabo (información que no podía compartir con la oposición ni, por supuesto, con la opinión pública). Aquellos ciudadanos que han confiado en el Presidente, lo han hecho bajo la convicción de que éste disponía de tal información. La perplejidad de Zapatero ante este atentado, y el ridículo eco de sus palabras del viernes, ponen en evidencia que esto no era así. A día de hoy, es inevitable preguntarse si el Presidente ha tomado decisiones partiendo de premisas erróneas y, si es así, si ha apostado todo a una carta sin conocer las reglas del juego.
En ocasiones, aquellos que ocupan el trono del poder parecen vivir separados de la realidad por una barrera infranqueable. Están tan ensimismados en su cuento de la lechera particular que no atienden a la dureza de los hechos, de las evidencias. Y aunque se trata de un síntoma que, en mayor o menor medida, afecta a todos los dirigentes, en nuestro actual Presidente es especialmente acusado. Así, por ejemplo, Aznar necesitó de seis años de Gobierno, una mayoría absoluta, y el jet lag acumulado de varios viajes transatlánticos para sucumbir bajo el influjo de este ‘Síndrome del Poder’. En cambio a Zapatero, aún habiendo llegado al Gobierno por deméritos ajenos, y no por méritos propios, y disponiendo de una exigua mayoría parlamentaria, le han bastado unos pocos meses para alcanzar un nivel semejante de autismo; el Presidente se halla instalado, casi desde el inicio de la legislatura, en esa enfermedad que le impide ver lo que pasa. Se había figurado a sí mismo como el adalid de la paz, y “accidentes” como las cartas de extorsión, la kale borroka, o el robo de armas no podían perturbarle en el disfrute de su tránsito hacia la gloria. Frente a todo ello exhibía, con una suficiencia insultante, su optimismo existencial, inconmovible al desaliento.
Ahora le ha pasado por encima, como un tren de mercancías, el atentado del sábado, y no sabe ni de donde le ha venido el golpe. Zapatero merece, sin duda, el apelativo de ‘El Empecinado’, por su contumacia en no aceptar aquellos elementos de la realidad que contradicen su interpretación de la misma. Al final, se ha visto arrollado por esa realidad, que ha acabado por imponerse de forma cruel e inexorable. No, sin duda Zapatero nunca pensó que empezaría el año así.
Ahora hemos de imaginarnos al Empecinado reflexionando solo, tal vez de vuelta a su refugio de Doñana, acaso en la penumbra de su despacho de Moncloa, sobre como lidiar con este toro. No, sin duda no cabe la marcha atrás; el coste político sería demasiado alto. Tal vez piense Zapatero que, cuando arrecia la tempestad, lo mejor es refugiarse, quedarse quieto, y esperar a que pase. Por el momento, la celebración del Año Nuevo, y la falta de confirmación de la muerte de los dos ciudadanos desparecidos, le han permitido capear los siempre devastadores efectos del corto plazo, y mitigar los daños que las ruinas del parking de la T4 podían haber infligido a su carrera política. Ahora, con la serenidad y la distancia que le dan las casi setenta y dos horas transcurridas desde el atentado, pensará en volver a reunir sus naves, y en hacer todo lo necesario para rescatar su apuesta sin perder un solo euro, y vivir para vencer otro día, como ha venido haciendo durante este tiempo. El Empecinado es un experto escapista, que hasta el momento ha sabido salir indemne de todos sus inconscientes paseos por aguas cenagosas. Y, en este punto, es importante precisar que, para el Presidente, la medida del éxito o el fracaso de su gestión es su reelección, y a ello dedica todos sus afanes; lo importante no es, por lo tanto, el acierto en sus decisiones, sino el impacto de las mismas en la opinión pública.
Creo que, a pesar de su desconcierto inicial, el Presidente ha podido resistir el tirón de las primeras horas. Lo que venga a partir de ahora dependerá, fundamentalmente, de la evolución de la opinión pública, y de la gestión mediática que se haga de esta crisis. Pero mucho me temo que, salvo que se vea obligado por la presión de las encuestas que manejan los augures que le asesoran, Zapatero no piensa desandar el camino andado. Eso supondría admitir que ha vuelto a fracasar donde otros ya lo hicieron, y reconocer que ni el talante, ni el ansia infinita de paz, que preconizaba como remedios definitivos, han podido derrotar a la naturaleza implacable del escorpión.
Es el momento
Es el momento de hacer algo para que las cosas cambien. Esperamos que este blog pueda contribuir en algo a esta tarea. Si no, al menos servirá de desahogo para todos los que padecemos la desazón de vivir en este tiempo de hombres pequeños, y ambiciones mezquinas.