lunes, 30 de abril de 2007

Doctrina

"Esta moderna preferencia de los filósofos por la compasión y esta moderna sobrestimación de la misma son, en efecto, algo nuevo: precismente sobre la carencia de valor de la compasión habrían estado hasta ahora de acuerdo hasta ahora los filósofos. Me limito a mencionar a Platón, Spinoza, La Rochefoucauld y Kant, cuatro espíritus totalmente diferentes entre sí, pero conformes en un punto: en su menosprecio por la compasión"

"La genealogía de la moral"

Federico Nietzsche

Toda el desprecio que Nietzsche muestra hacia la cultura europea y los hombres que esta produce se basa en la represión que esta ha hecho de lo más excelso del hombre, de sus impulsos más nobles, aquellos dirigidos hacia la superación y la conquista del mundo mediante el ejercicio de la fuerzas naturales. La cultura europea sería heredera de la rebelión de los esclavos que iniciara la cultura judeo-cristiana, cuyos valores impregnarían los de la Ilustración. La Ilustración no sólo secularizaría los valores judeo-cristianos, sino que culminaría el olvido de la génesis de los mismos, al concebir al hombre como ajeno e impermeable al mundo en que vive. Dice, de nuevo, Nietzsche, que "...Judea volvió a vencer otra vez sobre el ideal clásico con la Revolución francesa...". De nuevo, los débiles impondrían sus valores sobre los excelsos, abotargando la humanidad, corrompiendo el lenguaje, la moral y todas las formas de la cultura. Los valores de la Ilustración no serían sino una debida adaptación de los judeo-cristianos.

La cultura en que vivimos es claramente heredera de cierta Ilustración. Habrá entre nosotros quien considere que sea un proyecto valioso y que debe ser culminado, otros los considerarán imposible y pretencioso, injusto para con la naturaleza humana y, finalmente, quienes como los herederos de Nietzsche (en caso de que los haya) la entiendan como enteramente aberrante. Pese a ser el predominante, el proyecto ilustrado no es, por lo tanto, único, y no está exento de críticas.

La asignatura de "Educación para la Ciudadanía" no será sino un vehículo de quienes consideran cierta Ilustración deseable, es decir, un instrumento de transmisión de doctrina, de pura catequesis. No deja de ser irónico que quienes tanto han clamado contra la enseñanza doctrinal de los principios católicos, propugnen la enseñanza doctrinal de una versión secularizada de los mismos -ironía que no considero, sin embargo, el mayor cinismo de esta medida. Tampoco lo será, probablemente, el contenido de la asignatura, que desconozco, pero que intuyo recogerá numerosos valores de los que participa gran parte de la población (por ejemplo, los presentes en la Declaración de los Derechos Humanos), y otros exclusivos de la intelligentsia progresista.

Lo más censurable de la instauración de esta asignatura reside, desde mi punto de vista, en el propósito inquisitorial del estado en presentar determinados valores como algo acabado, de determinar lo inobjetablemente correcto e incorrecto, de obviar el carácter inherentemente problemático de la ética. El hecho de que la mayoría de los hombres compartan ciertos valores no los convierte en algo deseable, ni evita lo problemático del por qué los comparten (algo que el cristianismo ha tenido tradicionalmente presente, al conjugar la noción de derecho natural, la concepción del hombre como imagen de Dios y dotado de dignidad intrínseca, y el reconocimiento del error o pecado).

Reconozcamos, al fin, que la gran fortuna de la catequesis estatal en ciernes será que de ella participará de manera natural un gran número de personas, pero que será violenta para quienes disientan...

"Hoy ya nadie se escandaliza si alguien se muestra transgresor y crítico, por ejemplo, con el cristianismo, con el militarismo o incluso con el nacionalismo. Pero, ¿qué pasaría si alguien cuestionara seriamente la compasión con los marginados y los débiles, las revindicaciones feministas, el sufragio universal, el principio de igualdad de derechos sin discriminación, la obligatoriedad de universal de los principios de la moral, etc.?"

"Nietzsche. La experiencia dionisiaca del mundo"
Diego Sánchez-Meca

La gran inmoralidad reside no tanto en la voluntad doctrinaria del Estado, sino en que oculte la misma, que se ahogue la pregunta, que se obvien las voces discordantes.